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Entrenamiento

El día antes de un maratón: descanso, comida y preparativos

La víspera cuenta: así se combinan descanso, comida conocida y organización antes de afrontar los 42,195 kilómetros.

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Preparación del día antes de un maratón con zapatillas y material de carrera.

Imagen: Pexels User / Pexels

La víspera de un maratón no sirve para ganar forma física, pero sí para llegar a la salida con menos fatiga y con lo necesario resuelto. Descansar, comer alimentos conocidos, hidratarse con normalidad y preparar el material son las prioridades de una jornada en la que conviene evitar los entrenamientos exigentes y las decisiones de última hora.

Algunos corredores prefieren descansar por completo; otros hacen un trote breve y suave porque ya forma parte de su rutina. Ambas opciones pueden ser adecuadas. La elección de la cena, el desayuno, los geles y la ropa responde al mismo criterio: repetir lo que se ha tolerado en los entrenamientos, sin intentar compensar en unas horas lo que no se ha preparado durante las semanas anteriores.

Descansar o correr un poco: dos opciones válidas

El entrenamiento de las últimas semanas suele terminar con una reducción progresiva del volumen para permitir la recuperación. Ese proceso no se estropea por pasar la víspera sin correr. Un día de descanso no hace perder la forma física adquirida y puede ser especialmente razonable si las piernas llegan cargadas o si esa ha sido la pauta habitual antes de otras tiradas largas.

Quien esté acostumbrado a moverse antes de competir puede optar por 15 a 20 minutos de trote muy suave, a un ritmo que permita conversar sin dificultad. No es una sesión obligatoria ni una garantía de mejores sensaciones. Si el corredor nunca ha hecho esta activación, no hay necesidad de incorporarla justo antes de afrontar un maratón.

Las series, las cuestas, los cambios intensos de ritmo y las pruebas para comprobar el estado de forma pueden dejar fatiga o molestias que duren hasta la salida. También es preferible evitar una sesión de fuerza exigente. Una caminata corta o unos movimientos suaves de movilidad son suficientes para quien no quiera pasar el día sentado, siempre que resulten familiares y cómodos.

La alimentación empieza antes de la cena

Las reservas de glucógeno, la forma en que el cuerpo almacena hidratos de carbono, ayudan a sostener el esfuerzo prolongado. Para una prueba como el maratón, muchos corredores aumentan la proporción de hidratos durante los días previos mientras reducen el entrenamiento. La carga no consiste en una cena gigantesca: distribuir la comida a lo largo del día suele resultar más cómodo que concentrarla en una sola toma.

En protocolos de carga para deportes de resistencia se manejan cantidades de aproximadamente 8 a 12 gramos de hidratos por kilo de peso al día durante 36 a 48 horas. Es un rango orientativo, no una obligación: para una persona de 70 kilos equivaldría a 560-840 gramos diarios, una cantidad elevada que puede ser difícil de tolerar. Las necesidades varían y, si se busca una estrategia específica, conviene planificarla con un dietista-nutricionista deportivo.

Arroz, pasta, patata, pan, fruta madura o compota son opciones habituales, siempre que se hayan tolerado bien. Las personas con diabetes, problemas digestivos u otras condiciones que afecten a la alimentación necesitan indicaciones adaptadas a su situación. Una modificación brusca de la dieta la víspera no sustituye a una planificación previa y puede causar más incomodidad que beneficio.

Una cena sencilla y un desayuno previsto

La cena puede incluir una fuente de hidratos conocida, una porción moderada de proteína y acompañamientos que no den problemas digestivos. Un plato de arroz con pollo y zanahoria cocida, o pasta con una salsa sencilla y una alternativa vegetal conocida, son ejemplos, no menús obligatorios. La cantidad debe dejar sensación de comodidad, no de pesadez.

Si las comidas muy grasas, picantes o ricas en fibra han causado molestias antes de correr, la víspera no es el mejor momento para repetirlas. Tampoco hace falta retirar toda la fibra ni prohibir alimentos que se toleran bien. Cenar con tiempo suficiente antes de acostarse ayuda a evitar una digestión incómoda, aunque no existe una hora universal válida para todos los horarios de salida.

El desayuno también debe estar disponible antes de irse a dormir, especialmente cuando se viaja o se depende del horario de un hotel. Como referencia, una comida previa suele tomarse entre una y cuatro horas antes del ejercicio, ajustando cantidad y horario a la experiencia personal. Pan con mermelada, un plátano o una compota pueden encajar si ya se han probado; no es necesario forzar una cantidad que siente mal.

Hidratación sin excesos

Llegar hidratado importa, pero beber varios litros de golpe no aporta una reserva útil para toda la carrera. Lo razonable es repartir las bebidas durante la jornada, atender a la sed y a las condiciones ambientales y acompañar las comidas con líquidos según los hábitos propios. El calor, los viajes y el tiempo pasado al aire libre pueden modificar las necesidades.

La orina de color amarillo claro puede ser una pista orientativa, aunque su color también cambia por medicamentos, suplementos o alimentos y no permite diagnosticar por sí solo el estado de hidratación. No hay que perseguir que sea completamente transparente. Beber en exceso, especialmente durante esfuerzos prolongados, puede favorecer la hiponatremia, una bajada peligrosa del sodio en sangre.

Una bebida deportiva puede aportar hidratos y sodio si forma parte de una estrategia ya ensayada, pero no es imprescindible para todo el mundo durante la víspera. Las pastillas de sales tampoco sustituyen a una pauta razonable de líquidos. El alcohol puede alterar el sueño y la recuperación; evitarlo antes de la prueba elimina un factor que no aporta ventajas para correr.

Geles y avituallamientos: revisar lo ensayado

La energía que se consume durante la carrera también se decide antes de colocar el dorsal. Como referencia general, para esfuerzos prolongados se utilizan a menudo 30 a 60 gramos de hidratos por hora; en pruebas de más de dos horas y media, algunas personas entrenadas toleran hasta 90 gramos por hora. No es una cantidad que deba alcanzarse de golpe si no se ha practicado.

La etiqueta de un gel indica cuántos gramos de hidratos contiene, y esa cifra cambia según el producto. Por ejemplo, si uno aporta 25 gramos, dos suman 50 gramos, sin contar lo que pueda aportar una bebida. Conviene comprobar también si el gel requiere agua y si contiene cafeína: combinar varias fuentes sin haberlo ensayado puede aumentar el riesgo de molestias digestivas.

Revisar dónde estarán los puestos de agua y qué productos ofrecerán permite comprobar si encajan con el plan habitual. Los líquidos durante la carrera dependen de la sed, el calor y la sudoración; no existe un volumen idéntico para todos. Si la organización cambia un avituallamiento o el tiempo previsto, es preferible ajustar un plan conocido antes que estrenar suplementos en la salida.

Material preparado y decisiones sencillas

Las zapatillas, los calcetines y la ropa deberían ser prendas usadas anteriormente en rodajes largos. Una zapatilla recién comprada puede rozar o presionar de forma inesperada, incluso si es del mismo tipo que otra conocida. También merece la pena comprobar que los cordones, la cintura del pantalón y cualquier cinturón para geles resultan cómodos durante varias horas.

El dorsal y su sistema de fijación, el chip si es independiente, el reloj cargado y el avituallamiento personal forman parte de la revisión del equipo. Si se necesita un producto antirozaduras o protección solar, lo prudente es utilizar uno ya probado. Una bolsa con ropa seca para después de la meta puede ser útil, siempre que se conozcan las condiciones del guardarropa.

La previsión meteorológica ayuda a elegir entre las opciones disponibles, pero no obliga a estrenar una prenda técnica. En una mañana fresca puede ser útil contar con una capa para la espera, teniendo en cuenta las normas de la organización sobre depósito de ropa o retirada de prendas. En caso de lluvia o calor, prima la comodidad comprobada frente a los cambios de última hora.

La feria del corredor y los desplazamientos

La recogida del dorsal puede implicar colas, transporte y tiempo de pie. Revisar el horario, la documentación requerida y el lugar de entrega antes de salir evita desplazamientos innecesarios. La feria del corredor puede ser una visita agradable, pero recorrerla durante horas o pasar la jornada de turismo añade una carga que no siempre se percibe hasta el día siguiente.

También conviene comprobar cómo llegar a la salida, dónde está el acceso al cajón asignado y a qué hora cierra. Los cortes de tráfico, los servicios especiales de transporte público y la distancia entre la estación y el recinto pueden alterar el trayecto habitual. Si se viaja en coche, el aparcamiento disponible no siempre estará cerca de la línea de salida.

La hora de levantarse debe dejar margen para desayunar, vestirse, desplazarse, usar los baños y entregar la bolsa, si procede. Una alarma configurada y un segundo aviso pueden evitar prisas, pero no hace falta convertir la mañana en una agenda rígida. El objetivo es disponer de tiempo suficiente para absorber una cola o un retraso sin añadir una carrera previa al maratón.

Recorrido, ritmo y previsión meteorológica

Una lectura del perfil y del trazado permite identificar subidas, zonas expuestas al viento y puntos de avituallamiento. No es necesario memorizar cada giro: unas pocas referencias del recorrido bastan para anticipar dónde puede cambiar el esfuerzo y dónde se podrá beber. La posición de la meta y el punto de encuentro posterior también son útiles para quienes viajan acompañados.

El ritmo previsto debe guardar relación con las tiradas largas y el trabajo realizado, no con el entusiasmo de los primeros metros. Salir más deprisa de lo entrenado puede resultar especialmente costoso en una distancia larga. Si hay calor, humedad o viento, mantener el mismo ritmo puede exigir más esfuerzo; adaptar las expectativas a las condiciones es una decisión razonable, no un fracaso.

En carreras multitudinarias, la hora del disparo y el momento real de cruzar la salida pueden ser distintos. Revisar la información sobre cajones y horarios ayuda a planificar la espera y el desayuno. El reloj puede ser una referencia, pero sus mediciones de distancia no siempre coinciden con los puntos kilométricos oficiales, especialmente entre edificios o en calles estrechas.

Sueño y nervios sin remedios de última hora

La preocupación por dormir puede aparecer incluso después de una preparación satisfactoria. Mantener una rutina tranquila y procurar suficientes horas de descanso durante toda la semana es más útil que intentar fabricar sueño a una hora inusual. Una noche imperfecta no borra el entrenamiento, aunque dormir poco sí puede afectar a las sensaciones, la atención o el rendimiento.

Una siesta breve puede resultar agradable para quien ya tiene esa costumbre, pero no es obligatoria ni compensa de forma automática una mala noche. Tampoco hay motivo para dormir deliberadamente menos dos días antes con la idea de llegar más cansado a la víspera. La recuperación acumulada importa, y privarse de sueño introduce una dificultad evitable.

Leer, escuchar música o compartir una cena tranquila son formas sencillas de ocupar las horas previas. Si aparece la inquietud, puede ayudar dejar de revisar continuamente la previsión o los ritmos de otros corredores. No es recomendable estrenar somníferos, suplementos o dosis altas de cafeína para modificar el descanso o la activación sin indicación profesional.

Cuando el descanso también significa reconsiderar la salida

La víspera no es un buen momento para un masaje profundo, una sesión de estiramientos intensos o un tratamiento desconocido que pueda dejar dolor. Ante una molestia ya existente, la decisión depende de su evolución y del consejo profesional, no de una regla universal. Una pequeña rozadura no equivale a una lesión, pero ignorar un dolor que modifica la forma de correr puede empeorar el problema.

La fiebre, el dolor en el pecho, la falta de aire inusual, el mareo o una enfermedad reciente merecen una valoración médica antes de competir. No se debe correr con fiebre ni recurrir a medicamentos para ocultar síntomas. Los antiinflamatorios tampoco son una protección preventiva inocua: durante esfuerzos prolongados pueden aumentar riesgos, especialmente si hay deshidratación o problemas renales.

Un maratón es una prueba exigente y ninguna lista de preparativos garantiza un resultado. La última jornada tiene más valor cuando permite reconocer las señales del cuerpo, mantener decisiones ya ensayadas y aceptar que las circunstancias pueden cambiar. Llegar a la salida en condiciones de decidir con criterio es tan importante como tener el dorsal colocado.

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