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Asics Novablast 5: análisis, tacto y precio de la zapatilla más versátil

La nueva entrega de ASICS gana en tacto, estabilidad y polivalencia sin encarecerse, con una base muy sólida para entrenar.

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La ASICS Novablast 5 llega con un mensaje claro: conservar la personalidad divertida de la saga y afinar lo que más pedían los corredores, una pisada más fluida, más rebote y un ajuste algo más amable. El resultado es una zapatilla de entrenamiento diario que sigue apostando por la amortiguación generosa, pero ahora se siente menos tosca, más redonda y más fácil de mover a ritmos variados.

ASICS ha movido varias piezas a la vez para conseguirlo: una mediasuela más blanda y elástica, una base algo más estable en la zona media, un upper de malla jacquard más ventilado y un peso contenido para su volumen. Sobre el papel, el conjunto encaja con corredores neutros que quieren un único par para acumular kilómetros, rodar con comodidad y, de vez en cuando, apretar un poco sin irse a un modelo de competición puro.

Una evolución que recupera el pulso de la saga

La serie Novablast siempre ha vivido en esa frontera entre la zapatilla cómoda de entrenamiento y la que invita a acelerar un poco más de la cuenta. Las primeras versiones ganaron fama por su rebote, aunque también dejaron dudas por una estabilidad irregular. Con la tercera edición, ASICS empezó a suavizar el carácter más rebelde del modelo; con la cuarta, reforzó la comodidad y el volumen; y en esta quinta entrega parece haber encontrado un punto de equilibrio mucho más convincente.

Ese ajuste se nota en marcha desde los primeros minutos. La sensación general no es la de una zapatilla blandísima que se hunde, sino la de una espuma que cede con suavidad y devuelve energía con bastante alegría. No es un trampolín de competición, pero sí un apoyo vivo, menos apagado que el de muchas zapatillas de entrenamiento clásico. Ese matiz importa, porque convierte a la Novablast 5 en una compañera más polivalente de lo que sugieren su perfil alto y su aspecto voluminoso.

También cambia la percepción de la zancada. La transición entre apoyo y despegue resulta más natural que en la generación anterior, con una curva de movimiento menos aparatosa. En el uso cotidiano, eso se traduce en una zapatilla que se deja correr sin exigirle al pie una técnica especialmente pulida. Para rodajes suaves funciona con soltura; para cambios de ritmo moderados, responde mejor de lo que sugiere su apariencia; y en tiradas largas mantiene una comodidad notable cuando la musculatura empieza a cansarse.

Mediasuela más blanda, más alta y más viva

La gran novedad técnica es la espuma FF BLAST MAX, el compuesto que ASICS ha colocado en el corazón del modelo para elevar la sensación de rebote y suavidad. Frente a la espuma anterior, el tacto se vuelve más mullido y elástico, con una compresión más agradable al impacto y una salida algo más enérgica. No busca la respuesta radical de una zapatilla con placa ni la firmeza precisa de un modelo de tempo, pero sí una experiencia más amable y con más chispa que antes.

En cifras, la Novablast 5 sigue jugando en la franja alta del mercado de entrenamiento, con un perfil que ronda los 40 mm en talón y 33,5 mm en antepié según mediciones de laboratorio de terceros, y un drop anunciado de 8 mm. Esa base elevada protege bien de los golpes repetidos del asfalto, algo que agradecerán quienes acumulen kilómetros semana tras semana. Al mismo tiempo, la espuma y la geometría buscan que esa altura no se traduzca en una sensación torpe o excesivamente separada del suelo.

La clave está en la combinación de volumen y control. ASICS ha ensanchado la plataforma y ha revisado el apoyo central para evitar que el aumento de blandura comprometa la estabilidad. Esa decisión se nota especialmente cuando el corredor entra cansado o cuando la técnica pierde precisión. La zapatilla no pretende corregir la pisada, pero sí evitar que el conjunto se desmorone. En la práctica, el pie se apoya con confianza, el mediopié se siente mejor recogido y la base transmite una seguridad razonable incluso para quienes no aterrizan de forma perfecta.

Una suela pensada para el asfalto, con una pega conocida

La suela exterior sigue siendo el punto más discutido de la familia Novablast. ASICS utiliza AHAR LO, una goma más ligera y de baja densidad que deja la mediasuela más expuesta para ahorrar peso y mejorar la sensación de flexibilidad. El dibujo cubre las zonas de mayor desgaste y deja huecos amplios en el centro, un planteamiento que ayuda a que la zapatilla se mueva mejor, pero que no convierte al modelo en una referencia absoluta de agarre sobre mojado.

En seco, el comportamiento es sólido y predecible. En superficies urbanas, carriles bici, asfalto rugoso o parques bien compactados, la tracción transmite confianza suficiente para entrenar sin sobresaltos. El problema aparece cuando el suelo está húmedo o pulido, donde la suela pierde parte de su firmeza y puede dar una sensación algo resbaladiza. No es un defecto que invalide el modelo, pero sí un rasgo que conviene conocer si se corre mucho en días de lluvia o sobre baldosa.

La durabilidad general apunta a un uso amplio, con una expectativa razonable de varios cientos de kilómetros sin dramas si el corredor alterna pares y no castiga siempre la misma zona. El hecho de que la suela sea más fina que en versiones anteriores ayuda a bajar gramos, pero también exige que el desgaste se vigile en corredores muy pesados o con una técnica muy agresiva. Aun así, la sensación general es la de una zapatilla hecha para rendir durante bastante tiempo antes de perder su gracia.

Upper, ajuste y sensaciones de pie

El regreso de la malla jacquard es uno de los aciertos más visibles. La parte superior combina una capa exterior tejida con una interior más abierta, lo que mejora la ventilación y da al conjunto un aspecto más cuidado que el de la Novablast 4. No es un upper lujoso en el sentido clásico, pero sí más equilibrado, con una mezcla buena de ligereza, estructura y comodidad. La lengüeta también ha sido revisada y ayuda a que el ajuste se reparta mejor sobre el empeine.

La horma se siente algo más permisiva que antes, sobre todo en la zona del antepié. Eso beneficia a quienes tienen el pie medio o ligeramente ancho, o a quienes usan plantillas y necesitan un poco más de espacio para no notar presión en los dedos. El talón sujeta bien, con un acolchado suficiente para evitar molestias en rodajes largos, mientras que el collar mantiene una presencia cómoda sin resultar excesivamente blanducho. No da la sensación de bota blanda ni de zapatilla minimalista; está justo en medio, donde suele vivir el equilibrio útil.

El ajuste general es sencillo de entender: entra como una zapatilla de entrenamiento clásica, pero se siente más moderna en marcha. No aprieta de más, no flota en exceso y deja margen para que el pie se expanda al final de una tirada larga. Ese comportamiento la hace apta para muchos perfiles de corredor neutro, aunque quienes busquen una puntera especialmente ancha o una sensación de gran sujeción lateral quizá se sientan más cómodos con otros modelos de geometría más contenida.

Qué cambia frente a la Novablast 4

El salto no es revolucionario, pero sí importante. La cuarta generación ya era una zapatilla muy cómoda y con mucha amortiguación, pero tenía un punto más aparatoso y una respuesta algo menos viva. La quinta entrega corrige parte de esa percepción con una espuma más elástica, una pisada más fluida y una plataforma mejor distribuida. El resultado es una zapatilla menos pesada en sensaciones, aunque no necesariamente más rápida en términos puros de cronómetro.

El upper también marca diferencias. La Novablast 4 apostaba por una construcción más cerrada y la Novablast 5 abre la mano en ventilación y ajuste. Eso se nota tanto en climas templados como en sesiones más largas, donde el pie agradece un entorno menos cargado. En paralelo, el tacto de la mediasuela deja una imagen más agradable al correr despacio, precisamente porque la espuma trabaja con una elasticidad más visible y menos rígida.

La comparación entre ambas deja una conclusión bastante clara: quien disfrutó de la suavidad y la estabilidad de la v4 encontrará aquí una versión más suelta y más divertida, mientras que quien venía de las Novablast 2 o 3 puede notar una evolución hacia una zapatilla más madura y fácil de usar a diario. No cambia el ADN, pero sí el acabado. Es la clase de mejora que se aprecia con los kilómetros, no con un vistazo rápido en la tienda.

Para qué ritmos y qué corredores encaja mejor

La Novablast 5 vive cómoda en los ritmos tranquilos y medios, aunque no se queda ahí. Su mejor escenario está en rodajes de base, tiradas largas y sesiones de calidad moderada en las que interesa mantener piernas frescas sin renunciar a cierta agilidad. No es una zapatilla concebida para competir a tope, pero sí para entrenar bien con una sensación agradable bajo el pie. Ese matiz la coloca en una zona muy atractiva del mercado: suficiente amortiguación para proteger, suficiente respuesta para no aburrir.

Por perfil de usuario, encaja especialmente bien con corredores neutros que no buscan corrección de pronación y que valoran la comodidad por encima de la firmeza. También puede funcionar para quienes pesan más de lo habitual en este segmento y necesitan una base que amortigüe bien sin volverse pesada. En distancias como 10K, media maratón o maratón, el modelo responde con solvencia si la expectativa es correr con comodidad, no exprimir cada segundo.

Donde pierde algo de encanto es en la velocidad pura. Si el objetivo principal son series muy cortas, cambios explosivos o carreras donde prima la reactividad máxima, hay propuestas más vivas y menos voluminosas. La Novablast 5 puede entrar en ese terreno de forma ocasional, pero su talento real está en la versatilidad, no en la agresividad. Es una zapatilla que acompaña más que empuja, y por eso encaja tan bien en el día a día del corredor que no quiere complicarse con demasiados pares.

Precio, valor y posición en el mercado

Uno de sus mayores argumentos es que no sube de precio respecto a la generación anterior. Con un PVP situado en 150 euros, la Novablast 5 compite en una franja muy sensible, donde la relación entre lo que ofrece y lo que cuesta marca diferencias reales. En ese terreno, ASICS ha sabido construir una propuesta atractiva: mucha amortiguación, un tacto más sofisticado, un peso contenido y una versatilidad que la acerca a modelos más caros.

Ese equilibrio económico importa porque la coloca frente a zapatillas muy conocidas de uso diario, pero con un enfoque más moderno. No pretende ser la más barata ni la más especial; pretende ser una de las más completas. Y en un mercado saturado de siglas, espumas y placas, ese tipo de propuesta tiene bastante sentido. No deslumbra por una sola cifra, sino por la suma de muchas cosas que funcionan razonablemente bien al mismo tiempo.

La sensación de valor es todavía mayor cuando aparecen descuentos, algo habitual en este tipo de modelos una vez pasado el lanzamiento. Ahí la zapatilla gana enteros de forma clara, porque convierte una compra ya interesante en una opción difícil de ignorar para quien busca un único par de entrenamiento para casi todo. El precio base, aun así, ya la sitúa en un lugar competitivo dentro del segmento de máxima amortiguación versátil.

Lo que más convence y lo que sigue dejando margen de mejora

Su principal virtud es el equilibrio. Amortigua mucho, pesa poco para lo que ofrece, tiene un tacto agradable y se mueve con más fluidez que antes. Además, el ajuste es más amable, el upper ventila mejor y la plataforma transmite una estabilidad suficiente para que la gran mayoría de corredores neutros se sientan seguros. No hay muchas zapatillas capaces de reunir tantas cualidades sin dispararse de precio.

El flanco más débil sigue estando en la tracción sobre mojado. Es una herencia conocida de la saga y, aunque ha mejorado, no llega al nivel de las mejores suelas del mercado cuando el suelo se pone delicado. También es cierto que su volumen y su perfil alto la hacen menos ágil que otras alternativas más bajas o más agresivas. Quien busque una zancada muy rápida y limpia puede notar que la zapatilla le pide un poco más de espacio para expresarse.

La durabilidad del upper es otro punto a observar, especialmente en corredores que castigan mucho la parte delantera de la malla. No es un problema universal, pero sí una advertencia útil para quienes suelen desgastar pronto la zona de los dedos. ASICS ha mejorado la construcción general, aunque el tejido fino siempre invita a mirar con atención cómo envejece con el uso real y no solo con la primera impresión.

Una de esas zapatillas que hacen fácil salir a correr

La ASICS Novablast 5 no busca impresionar con artificios, sino afinar una idea que ya funcionaba y volverla más convincente. Lo consigue con una mediasuela más blanda y reactiva, un upper mejor resuelto, un ajuste más universal y una sensación de carrera menos torpe que en la edición previa. Es una zapatilla grande en apariencia, pero sorprendentemente manejable en el asfalto, con el tipo de confort que hace que muchos entrenamientos pesen un poco menos.

Por eso ha ganado tanta tracción entre los corredores que quieren un par para casi todo. No es la más rápida, ni la más estable del mercado, ni la que mejor agarra en lluvia. Pero reúne suficientes virtudes en casi todos los apartados importantes como para destacar donde más importa: en el uso real, en los días normales, en los kilómetros que se acumulan sin titulares y sin épica. Ahí es donde la Novablast 5 muestra su mejor versión.

Y ese, al final, es su gran mérito periodístico dentro del catálogo de ASICS: no romper la historia, sino perfeccionarla. La Novablast 5 conserva el espíritu de una saga conocida por su rebote y la lleva a un terreno más maduro, más estable y más fácil de recomendar. En un mercado con demasiadas zapatillas que prometen mucho y resuelven poco, esa combinación de comodidad, equilibrio y tacto amable pesa más de lo que parece.

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