Carreras
Querroig Trail 2026: guía completa de la carrera de montaña
Portbou concentra un trail duro, fronterizo y muy paisajístico con tres recorridos y pasos hacia Francia.

Portbou vuelve a convertirse en un punto de encuentro para el trail con una carrera de montaña que combina senderos técnicos, pistas forestales, desnivel sostenido y un paisaje poco habitual en este tipo de pruebas: el mar cerca, la frontera al alcance de la mano y una sensación constante de terreno cambiante. La edición de 2026 mantiene el formato de tres distancias y confirma una fecha pensada para quienes buscan una jornada exigente sin perder el atractivo de correr entre montaña y Mediterráneo.
La cita está fijada para el domingo 15 de noviembre de 2026 en Portbou, en la provincia de Girona, con salidas escalonadas y recorridos que exploran el entorno del Coll de la Farella, el Coll del Falcó y el Camí de Walter Benjamin. La prueba más larga alcanza 23,18 kilómetros y 1.334 metros de desnivel positivo, mientras que la media se sitúa en torno a 15 kilómetros con 900 metros positivos y la más corta ofrece una experiencia más accesible, aunque sigue siendo montaña pura.
Un trail fronterizo con sello propio
La personalidad de esta carrera nace de su geografía. Portbou no es un escenario neutro: está encajado entre laderas, caminos históricos y una franja litoral que condiciona la luz, el viento y la lectura del recorrido. Esa mezcla convierte la prueba en algo más que una simple suma de kilómetros. Hay tramos de corriol, pistas anchas para correr con algo más de ritmo y zonas donde el corredor debe administrar fuerzas porque el desnivel no concede tregua.
Competidores y organización coinciden en describirla como una carrera de montaña transfronteriza. No es un adorno verbal. En los recorridos más largos aparecen pasos que se acercan o entran en territorio francés, lo que añade un punto singular a la experiencia. El paisaje, además, alterna la dureza de la roca y el bosque con aperturas visuales hacia la costa, una combinación poco frecuente en el calendario de trail de Catalunya.
También hay un componente histórico y territorial que la distingue. La presencia del Camí de Walter Benjamin no solo aporta nombre a las distancias, sino un vínculo con la memoria del lugar. Esa dimensión cultural convive con el esfuerzo físico y da a la prueba una identidad reconocible, menos genérica que la de otras carreras de montaña centradas solo en el crono o el desnivel.
Las distancias y lo que realmente exigen
La distancia larga es la que fija el techo deportivo del evento. Con 23,18 kilómetros y 1.334 metros positivos, no se trata de un trail para improvisar. El trazado reúne subidas prolongadas, bajadas que castigan cuádriceps y sectores donde la técnica pesa tanto como la capacidad aeróbica. El tiempo máximo para completarla se sitúa en 5 horas, una referencia que deja claro el tipo de esfuerzo que propone la organización.
La distancia intermedia, con unos 15 kilómetros y 900 metros de desnivel positivo, funciona como el punto de equilibrio de la jornada. Sigue siendo una prueba seria, con ascensos prolongados y terreno variable, pero permite a corredores con más experiencia en montaña acercarse al espíritu del evento sin el compromiso total de la larga. Para muchos participantes, esa distancia resume bien la esencia del Querroig: desnivel, sendero y un esfuerzo continuo, sin concesiones.
La opción corta, conocida como Marxa Express, tiene 9 kilómetros y alrededor de 349 metros de desnivel positivo según la referencia de competidores. No es un paseo, pero sí la puerta de entrada para quien quiere probar un trail de montaña sin adentrarse en cifras más duras. La carrera conserva el carácter técnico del terreno y el contexto natural, aunque reduce la exposición prolongada a la subida.
En la organización también aparece una modalidad de marcha pensada para quienes prefieren caminar o iniciarse con más calma. Ese detalle amplía el perfil del evento, que no se limita a la lógica del corredor competitivo. La jornada se abre así a distintos ritmos y a distintas maneras de entender la montaña, algo que encaja con el ambiente popular que rodea a esta cita.
Recorrido y altimetría Edición 2026
Tabla kilómetro a kilómetro
| Km | Altura | Pendiente |
|---|---|---|
| 1 | 122 m | 11.7 % |
| 2 | 251 m | 12.9 % |
| 3 | 338 m | 8.7 % |
| 4 | 352 m | 1.4 % |
| 5 | 622 m | 27.0 % |
| 6 | 527 m | -9.5 % |
| 7 | 590 m | 6.3 % |
| 8 | 531 m | -5.8 % |
| 9 | 412 m | -12.0 % |
| 10 | 339 m | -7.3 % |
| 11 | 225 m | -11.4 % |
| 12 | 106 m | -11.9 % |
| 13 | 55 m | -5.1 % |
| 14 | 28 m | -2.8 % |
| 15 | 5 m | -2.3 % |
Planifica tu ritmo en este recorrido →
Fuente del recorrido: Google My Maps
Salida, horarios y organización práctica
La salida principal está prevista en La Rambla de Portbou, en el núcleo urbano, lo que facilita la logística para corredores y acompañantes. La distancia larga y la media comparten horario de salida a las 09:00, mientras que la prueba corta sale a las 09:20. Esa diferencia de minutos ayuda a ordenar el dispositivo y separa perfiles de corredor sin convertir la mañana en una sucesión caótica de oleadas.
La recogida de dorsales se organiza el sábado 15 de noviembre de 2025 entre las 17:00 y las 20:00 en el Centre Cívic Cal Herrero, y el domingo de 7:15 a 8:45 en el mismo punto. Esa ventana amplia permite resolver la parte administrativa sin prisas, algo importante en una carrera de montaña donde el calentamiento, la revisión del material y la hidratación previa pesan mucho más que en una prueba de asfalto.
Entre los servicios anunciados figuran guarda-roba, duchas, comida a la llegada, trofeos para los ganadores, sorteo de premios y cronometraje con chips. Son detalles que no cambian la dureza del trazado, pero sí dibujan una organización orientada a resolver el día completo del participante. En trail, ese aspecto cuenta: una meta bien gestionada reduce tensión y permite que el esfuerzo termine de forma más ordenada.
Cómo es el recorrido por dentro
El trazado largo es una sucesión de cambios de ritmo y terreno. La descripción facilitada por la organización muestra una salida desde la Rambla, un paso por el túnel junto a la riera, la subida por pista forestal hacia Mas Ametller y la conexión con corriols que llevan al Coll del Bessó y al Coll del Falcó. A partir de ahí, la prueba va encadenando puntos de control y avituallamiento antes de emprender zonas más altas y expuestas.
La carrera atraviesa lugares como el Coll de les Llaceres, el Gran corriol d’en Bac, el Coll de Cervera y el Castell de Querroig, para luego descender hacia el Coll de la Farella y regresar por senderos y pistas hasta Portbou. Es un guion muy de montaña: primero se acumula fatiga, después se administra la bajada y, en el tramo final, la cabeza manda tanto como las piernas.
La media y la corta recortan parte de ese dibujo, pero conservan la lógica del terreno técnico y la conexión con los puntos altos del entorno. Ese patrón explica por qué la carrera tiene tanto tirón entre perfiles distintos: quien busca dureza encuentra desnivel de sobra, y quien prefiere una experiencia menos larga no renuncia al carácter de montaña ni a la singularidad del paisaje.
Avituallamientos, control y margen de esfuerzo
Los avituallamientos están colocados con criterio de montaña. En la distancia larga aparecen en el Coll del Falcó, en el inicio del Camí de Walter Benjamin, en el Coll de la Cerbère, en el Coll de la Farella y en meta. La distribución revela un recorrido que exige previsión: no basta con salir fuerte, hace falta administrar agua, sales y energía con cabeza desde la primera subida.
La ubicación de esos puntos también da una pista sobre el tipo de corredor al que va dirigida la prueba. En una carrera de 23 kilómetros con más de 1.300 metros positivos, la nutrición no se improvisa. El esfuerzo se diluye en horas, el pulso sube y baja, y el terreno castiga de forma intermitente. En ese contexto, un avituallamiento bien situado vale casi tanto como una buena bajada.
La referencia de 5 horas máximas para la prueba larga indica que la organización contempla un amplio abanico de ritmos, pero sin perder el control de la jornada. Es un límite razonable para una carrera de montaña popular con desnivel acusado. El corredor lento, si sabe leer la ruta y gestiona bien las fuerzas, sigue teniendo margen; el corredor rápido encuentra un trazado donde apretar en zonas concretas sin caer en la trampa de gastar demasiado pronto.
Qué material encaja mejor en este terreno
Las zapatillas de trail con buen agarre son casi obligatorias. No por una cuestión estética, sino por la mezcla de pista, sendero y zonas más pedregosas. El terreno de Portbou puede volverse traicionero cuando el suelo está suelto o cuando la bajada llega con fatiga acumulada. Un compuesto fiable y una suela con tracción marcan diferencias más grandes de lo que parece sobre el papel.
También cobra sentido llevar hidratación suficiente, especialmente en la distancia larga. El perfil de la prueba, con subidas encadenadas y tramos expuestos al viento o al sol según el día, obliga a no depender solo de los puntos de avituallamiento. La elección de mochila o cinturón dependerá de cada corredor, pero la lógica es la misma: en montaña, todo lo que ahorra dudas da tranquilidad.
La ropa merece una atención similar. El entorno mediterráneo no garantiza calor estable. Noviembre en la costa norte de Girona puede alternar humedad, fresco y ráfagas de viento que hacen más incómodo el esfuerzo en altura. Por eso conviene pensar en capas ligeras y en una prenda cortavientos si la previsión meteorológica cambia. No es un detalle menor; es parte de la gestión de carrera.
El contexto de Portbou y lo que aporta al corredor
Portbou añade una dimensión escénica que va más allá del deporte. Quien llega a la prueba se encuentra con un municipio pequeño, fronterizo y muy definido por su relación con la costa y la montaña. Eso hace que la experiencia sea compacta: el corredor no se pierde en una ciudad grande ni en un entorno de acceso disperso, sino que vive la carrera con una proximidad muy directa entre salida, meta, calles y laderas.
La zona también permite prolongar la visita con referencias muy cercanas. Figueres, Girona, Llançà o el Parque Natural del Cap de Creus están al alcance en poco tiempo y amplían el contexto del viaje. No se trata de vender un destino, sino de subrayar que la prueba se instala en un corredor geográfico especialmente rico, donde el deporte convive con patrimonio, costa y paisaje protegido.
Ese equilibrio entre esfuerzo y entorno explica por qué el trail de Portbou conserva atractivo más allá del día de la carrera. La montaña no aparece como un decorado genérico, sino como un espacio real, con nombres propios, pasos históricos y una topografía que obliga a mirar el mapa con respeto. En una época en la que muchas pruebas se parecen entre sí, ese rasgo pesa.
Una prueba que crece por su identidad y no solo por sus números
El valor de esta carrera no está únicamente en sus metros positivos. Hay trail más alto, más largo o más extremo en el calendario español. Lo que distingue a Portbou es otra cosa: el cruce entre montaña y frontera, la presencia del mar, el peso del territorio y una arquitectura de recorrido que no parece diseñada para maquillar la dureza, sino para mostrarla con claridad.
También ayuda que la prueba conserve un tono popular. La existencia de varias distancias, la marcha para quienes se inician y unos servicios básicos bien definidos hacen que el evento no quede encerrado en un perfil elitista. Eso amplía su alcance y le da continuidad. En el trail, las carreras que sobreviven no siempre son las más espectaculares; a menudo son las que mejor entienden a su corredor.
Por eso el Querroig Trail se ha ganado un espacio propio en el calendario. No necesita exagerar su dificultad ni esconder sus puntos duros. Le basta con mostrar lo que es: una carrera de montaña fronteriza, técnica y muy paisajística, con una personalidad reconocible y una logística que ordena bien la experiencia. Portbou pone el escenario; las piernas, el resto.
Lo que deja esta edición en el calendario de trail
La edición de 2026 consolida una fórmula que ya tiene relato propio. Fecha clara, distancias bien diferenciadas, horarios ordenados y un trazado que no oculta su exigencia. En un calendario saturado de pruebas, esa claridad es una ventaja. El corredor sabe dónde va, qué tipo de terreno encontrará y cuánto desnivel le espera. Y eso, en montaña, vale mucho.
La carrera encaja especialmente bien con quienes buscan una cita de final de temporada con carácter, sin necesidad de irse a macrocitas multitudinarias. Portbou ofrece intimidad, dureza razonable para el nivel que plantea y un entorno que deja huella. No es una prueba de trámite; es una jornada que pide concentración desde la salida y recompensa con una sensación muy nítida de haber corrido en un lugar singular.
En el mapa del trail catalán, Portbou ocupa un rincón pequeño pero muy reconocible. Y esa es precisamente su fuerza. No compite por volumen, compite por identidad. La montaña, el mar y la frontera hacen el resto.

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