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Carreras

Maratón Alpino Madrileño 2026: todo sobre el 14 de junio en Cercedilla

El Maratón Alpino Madrileño 2026 vuelve a Cercedilla con 44 km, Peñalara, Bola del Mundo y una dureza sin postureo en Guadarrama, sin tregua

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Maratón Alpino Madrileño 14 de junio

Planifica la carrera

El Maratón Alpino Madrileño 2026 se disputa el domingo 14 de junio en Cercedilla, Madrid, con salida a las 8:00 horas desde la Plaza Nueva y un recorrido aproximado de 44 kilómetros por la Sierra de Guadarrama. No es un maratón clásico con algo de cuesta, ni una excursión con dorsal, ni ese amable trail de fin de semana que permite hacer bromas en el avituallamiento. Es una prueba de montaña seria, limitada a 400 corredores, con cerca de 5.800 metros de desnivel acumulado entre subida y bajada, un tiempo máximo de nueve horas y pasos de control que no perdonan al que llega fundido.

La distancia histórica y las referencias generales de la prueba se sitúan en torno a los 47 kilómetros, mientras que la información específica de la edición de 2026 fija el trazado aproximado en 44 kilómetros. La diferencia responde a las variaciones y reajustes del recorrido entre ediciones. En ambos casos, la cifra importante no cambia: se trata de una maratón alpina de alta exigencia, con una cota máxima cercana a los 2.430 metros, una mínima que se mueve entre los 1.188 y los 1.190 metros según la referencia utilizada y aproximadamente 5.800 metros de desnivel acumulado.

La edición de 2026, la XXIX del Maratón Alpino Madrileño, llega con los dorsales agotados desde marzo y con el cartel de carrera mítica bien pegado a la mochila. Las 400 plazas disponibles se acabaron en apenas cinco días; en la primera hora y media tras abrirse el plazo ya quedaban menos de cien. Eso dice bastante. En un calendario lleno de carreras nuevas, nombres épicos y camisetas técnicas que prometen gloria en poliéster, el MAM conserva algo más raro: prestigio ganado a base de piedra, altitud, silencio y piernas rotas —en sentido deportivo, se entiende—.

Una carrera pionera que nació para mirar a la sierra de frente

La historia del Maratón Alpino Madrileño arranca en 1997, impulsada por Miguel Caselles, Victoria Sánchez y Juan Manuel Agejas. La primera edición se disputó el 8 de junio de 1997, con salida y meta en el Puerto de Navacerrada, cuando las grandes carreras de montaña todavía eran una rareza en España.

La idea era sencilla y ambiciosa a la vez: crear una gran prueba alpina que recorriera algunos de los lugares más emblemáticos de la Sierra de Guadarrama. Aquel planteamiento ya dibujaba el carácter del evento: puertos, crestas, pasos altos y un terreno que obligaba a correr con la cabeza tan despierta como las piernas. Joseba Cubillo y Sonia Morán inauguraron la nómina de campeones en 1997.

En su primera etapa, el itinerario incluía referencias hoy míticas como el Puerto de Cotos, Peña Citores, Peñalara, la Laguna de los Pájaros, Cabezas de Hierro, Siete Picos y el Camino Schmidt. Era una propuesta muy montañera, con una sucesión de nombres que ayudó a construir la reputación de la carrera.

El cambio de escenario de 2006, coincidiendo con el décimo aniversario, supuso otro paso decisivo. La salida y la meta pasaron a Cercedilla, a través del Camino del Calvario, en una decisión que mejoró la logística y acercó la carrera a un núcleo urbano con más vida, más ambiente y una relación más clara con el territorio. El pueblo dejó de ser un simple punto de paso para convertirse en el corazón visible de la prueba.

Desde entonces, la carrera ha ido afinando su identidad hasta consolidarse como una referencia del trail nacional. No se trata de una prueba congelada en el tiempo: ha cambiado de emplazamiento, ha modificado partes del trazado y ha incorporado nuevas formas de gestión, pero siempre desde una idea central: mantener viva una gran cita alpina en la sierra madrileña.

Hitos que explican su leyenda

La historia del MAM está llena de pequeños hitos que explican su peso simbólico dentro del trail español. En 1998 se instauró la figura del Corredor-Escoba, nacida de una experiencia de apoyo entre participantes y pensada para reforzar la dimensión humana y la seguridad de una prueba muy dura. Detrás de la imagen del esfuerzo extremo había una conciencia muy práctica: nadie debía quedarse desatendido en un terreno así.

En 2003, el Maratón Alpino Madrileño fue la primera carrera retransmitida en directo por internet, con cámaras distribuidas por distintos puntos del recorrido. En una época en la que esa cobertura todavía era excepcional, la iniciativa mostró una voluntad clara de abrir la montaña al público sin desvirtuarla.

La prueba también ha acogido acontecimientos deportivos de primer nivel. Ha sido sede del Campeonato de España de SkyRace en 2000, de pruebas puntuables para la Copa de España y del Campeonato de España de Carreras por Montaña en diferentes ediciones. Además, formó parte de circuitos internacionales como la Buff Skyrunning World Trail Series y el calendario de la International TrailRunning Association.

La nómina de corredores que han pasado por sus senderos incluye a Quico Soler, Agustí Roc, Félix Magunagoicoechea, Jordi Martín, Raúl García Castán, Alberto Zerain, Miguel Heras, Manuel Merillas, David López Castán y Crístofer Clemente, entre muchos otros.

En categoría femenina, la memoria competitiva reúne a Sonia Morán, Anna Serra, Corinne Favre, Emma Roca, Teresa Forn, Ragna Debats y Gema Arenas, además de otras protagonistas. El historial de vencedores también incluye nombres como Esteve Canal, Fernando García, Miguel Ángel Heras, Alfredo Gil, Zaid Ait Malek, Noel Burgos, Fernando Sánchez y Miguel Caballero.

Entre las ganadoras figuran, además de Sonia Morán, Gloria Serrazina, María Luisa García, Azara García, Ana Paz, Emily Davis y Bárbara Ruiz. La lista combina veteranía y renovación, y refleja el paso del tiempo en las carreras por montaña españolas.

Cercedilla vuelve a medir el pulso del trail español

Cercedilla no es aquí una postal de sierra. Es el punto de salida y regreso, el sitio donde el corredor se coloca el dorsal todavía con cara de persona civilizada y vuelve, horas después, con esa mezcla de polvo, sal y mirada lejana que solo da la montaña cuando ha pasado factura. La salida y la meta estarán en la Plaza Nueva, un enclave urbano elegido también por razones medioambientales: concentrar la mayor aglomeración fuera de las zonas más sensibles del parque y reducir el impacto en plena naturaleza. La montaña, por una vez, no se convierte en aparcamiento emocional de nadie. Bien.

Situada a unos 60 kilómetros de Madrid, con conexión por tren de Cercanías y acceso por carretera, Cercedilla funciona como puerta de entrada a una montaña que combina pinar, crestas y tramos abiertos. Para el corredor, llegar al pueblo ya implica dejar atrás la ciudad y entrar en otra cadencia.

El pueblo aporta una atmósfera muy particular. Las calles se llenan de movimiento, los accesos al polideportivo y a la plaza se convierten en puntos de nervios y la salida adquiere un aire de evento de montaña clásico, sin artificios. Cercedilla dejó de ser un simple lugar de tránsito en 2006 y pasó a formar parte esencial del relato de la prueba.

El fin de semana empieza el sábado 13 de junio con el Cross Alpino del Telégrafo, que sale a las 17:45 horas, y se remata el domingo con el maratón, la pieza mayor. El Cross ofrece 19 kilómetros y 980 metros positivos, con cierre en tres horas y media; el MAM, en cambio, se va a los 44 kilómetros, 2.450 metros positivos y nueve horas de límite. Son pruebas hermanas, sí, pero no gemelas. Una te muerde. La otra te mastica.

El recorrido: Guadarrama en estado puro

El trazado actual condensa buena parte de los símbolos de la sierra madrileña. La carrera pasa por el Puerto de Navacerrada, la Bola del Mundo o Alto de las Guarramillas, el Puerto de Cotos y el Pico Peñalara, el techo de la Comunidad de Madrid. También aparecen puntos como Campamentos y Navarrulaque.

El dato central conviene repetirlo sin barniz: 44 kilómetros por la Sierra de Guadarrama, con una altura máxima que ronda los 2.430 metros, una mínima de 1.190 y cerca de la mitad del trazado por encima de los 2.000 metros. En las referencias históricas del evento se habla también de un recorrido de unos 47 kilómetros, aproximadamente un 30% por encima de los 2.000 metros. Son cifras asociadas a distintas configuraciones y mediciones del itinerario, pero ambas ilustran la misma realidad: una parte muy significativa de la prueba transcurre en altura.

La organización calcula que alrededor del 50% del recorrido discurre por superficie técnica. El terreno mezcla senderos, roca, canchales, pendientes sostenidas y bajadas que obligan a mantener la concentración cuando los cuádriceps ya empiezan a negociar condiciones laborales. No basta con tener fondo: hay que moverse con estabilidad, aceptar los cambios de ritmo y leer el terreno.

El perfil marca un primer paso por el Puerto de Navacerrada en torno al kilómetro 10,2, la Bola del Mundo en el 12,2, el primer paso por Cotos en el 17,6, Peñalara en la zona alta del trazado, Cotos de nuevo en el 28,1, segunda visita a Bola del Mundo en el 33,1, Navacerrada otra vez en el 36,7 y Campamentos en el 40,8.

La carrera tiene forma de ida y vuelta áspera, como si el Guadarrama dejara salir al corredor y luego le preguntara, con ironía serrana, si de verdad quería regresar por ahí. El recorrido actual mantiene el espíritu del trazado histórico, aunque el MAM ha conocido diferentes ajustes, especialmente desde el traslado a Cercedilla.

Navacerrada, Cotos, Bola del Mundo y Peñalara

El paso por Peñalara coloca al MAM en una categoría particular dentro del trail madrileño. Peñalara es la cima más alta de la Sierra de Guadarrama, con unos 2.428-2.430 metros según las referencias oficiales, y forma parte del corazón simbólico y natural del parque. No es un decorado bonito para Instagram, aunque alguno lo intente. Es alta montaña de la meseta, con canchales, cambios térmicos y esa luz seca que engaña: parece cercana, pero no regala nada.

La Bola del Mundo añade otro tipo de dureza, más expuesta, más visual, más de mirar hacia arriba y preguntarse quién tuvo la brillante idea de poner una carrera por allí. La respuesta está en la historia del trail madrileño: la Sierra de Guadarrama ha sido uno de los laboratorios naturales de las carreras de montaña en España.

El Puerto de Navacerrada marca uno de los primeros grandes filtros del recorrido. Cotos aparece después como referencia estratégica y punto de apoyo, mientras que la zona alta de Peñalara concentra buena parte de la exigencia alpina. No son simples nombres en un perfil altimétrico. Son lugares con carácter, con viento propio y con una forma muy particular de enseñar al corredor que subir deprisa no sirve de mucho si luego no queda oficio para bajar.

Y bajar, en una prueba así, tampoco significa descansar. Significa negociar con cuádriceps tensos, piedra suelta y una concentración casi doméstica: mira dónde pisas, no te vengas arriba, no hagas el héroe. El héroe se cae.

Marcaje, navegación y condiciones del terreno

El recorrido estará marcado con cintas de color naranja y blanco, pero la organización recomienda atención constante y llevar el track en un dispositivo. No se trata de llenar la montaña de señales como si fuera un parque temático. Por motivos ambientales, el marcaje intenta no saturar el entorno.

Traducido al idioma del corredor: si llevas un rato sin ver cinta, quizá no estés viviendo una experiencia mística; quizá te has despistado. Mejor volver al último punto claro que regalar minutos, energía y paciencia a la ladera equivocada.

La prueba se desarrolla sobre una superficie muy técnica en amplias fases del recorrido. La altitud, el desnivel y la exposición convierten cada apoyo en una decisión. El corredor debe aceptar que el ritmo no será estable y que el terreno puede imponer cambios de velocidad más determinantes que el propio reloj.

Una maratón alpina no se parece a una maratón de asfalto

El Maratón Alpino Madrileño se llama maratón, pero juega en otro idioma. En asfalto, el kilómetro 30 tiene muro; aquí el muro puede aparecer antes, después o disfrazado de sendero técnico, de bajada sucia, de calor repentino o de una cinta naranja que cuesta ver cuando la cabeza empieza a hacer ruido.

La gran trampa es pensar que sus 44 o 47 kilómetros se parecen a cualquier maratón urbana multiplicada por dureza. No es así. El esfuerzo se reparte de otra manera. El desnivel acumulado, la altitud y el terreno técnico imponen una lógica de resistencia muscular, gestión de pulsaciones y buena lectura del terreno que poco tiene que ver con el ritmo estable de una prueba urbana.

La subida castiga, pero la bajada también factura. Los cuádriceps acumulan daño y el corredor entra en una zona en la que cada apoyo cuesta más. Por eso la experiencia pesa tanto: saber frenar a tiempo, comer con regularidad y no perder concentración en crestas o senderos rotos marca la diferencia entre acabar con solvencia o entrar en una deriva de sufrimiento.

Junio puede traer calor al valle, pero en altura el viento, la exposición y los cambios bruscos de tiempo añaden una capa de dificultad poco amable. A 2.400 metros, el sol aprieta más de lo que parece, pero la humedad, el frío o una tormenta pueden cambiar la película en minutos.

La edición de 2000 dejó uno de los episodios más recordados: una fuerte nevada sorprendió a organización y corredores y obligó a recortar el recorrido. Junio en la sierra puede tener todavía el pulso del invierno cuando la meteorología se cruza en la montaña. Esa posibilidad forma parte de la fama casi épica de la prueba.

Estas cifras explican también la naturaleza de sus participantes. Aquí no suele haber casualidad, sino experiencia acumulada, respeto por la altitud y una preparación orientada a la resistencia muscular. El MAM selecciona por sí solo. Es una carrera donde el nombre del ganador suele decir mucho del nivel del momento en el trail español.

Horarios, dorsales y el pequeño teatro de la Plaza Nueva

La recogida de dorsales del Maratón Alpino Madrileño se realizará el sábado 13 de junio de 16:00 a 21:00 horas y el domingo 14 de junio de 7:00 a 7:45 horas, siempre en la Plaza Nueva. La organización recalca que el dorsal se entrega solo al titular inscrito, con identificación, y que los federados deberán presentar la licencia correspondiente si se acogieron al descuento.

Aquí no vale mandar al primo, al compañero de club o al amigo que “pasaba por allí”. La montaña permite muchas cosas; la responsabilidad civil, bastantes menos.

El domingo, el control de dorsales en salida está previsto entre las 7:45 y las 7:55 horas. A las 8:00 se lanza la carrera. La llegada de los primeros corredores se estima hacia las 12:40, la entrega de premios a las 15:30 y el cierre de meta a las 17:00.

Ese margen de nueve horas divide la jornada en dos carreras paralelas: la de quienes compiten por ganar y la de quienes pelean por llegar dentro del control. Ambas tienen mérito. Una tiene podio; la otra, muchas veces, tiene más literatura.

Previsión meteorológica para el 14 de junio

La previsión meteorológica para Cercedilla apunta, a cuatro días de la prueba, a una mañana soleada, con unos 17 grados a las 8:00 horas y calor creciente hacia el mediodía, con valores en torno a los 25 grados a las 12:00 y máximas próximas a los 29 grados durante la tarde.

En Guadarrama, conviene tratar cualquier previsión como un parte serio pero no como un contrato notarial: la montaña cambia de humor y no pide permiso. La chaqueta cortavientos, los guantes, el gorro o tubular y la manta térmica no son accesorios absurdos por el simple hecho de que la salida sea soleada.

La organización se reserva la posibilidad de modificar el recorrido o suspender la prueba si las condiciones meteorológicas o una causa de fuerza mayor lo obligan. En una carrera que sube por encima de los 2.000 metros y atraviesa zonas de alto valor ambiental, esa cláusula es casi parte del paisaje.

Semiautosuficiencia, vasos propios y montaña sin envoltorios

El Maratón Alpino Madrileño se corre en régimen de semiautosuficiencia. Habrá ocho avituallamientos líquidos y cuatro sólidos, además del de meta, con puntos en Navarrulaque, Navacerrada, Bola del Mundo, Cotos y Campamentos. La distribución combina diferentes pasos por algunos controles, especialmente Navacerrada y Cotos.

La carrera no funciona como una feria de plástico en altura. No habrá vasos en los avituallamientos y cada participante debe llevar su propio recipiente para beber o rellenar. Parece un detalle pequeño. No lo es. En una prueba dentro de un parque nacional, el vaso reutilizable es casi una declaración política, de las buenas: menos residuo, menos huella, menos tontería.

Los avituallamientos ofrecerán:

  • Agua.
  • Bebida isotónica.
  • Coca-Cola.
  • Fruta.
  • Membrillo.
  • Chocolate.
  • Frutos secos.
  • Gominolas.
  • Pastelitos de guayaba.

Los envases desechables deben ir marcados con el número de dorsal. No por capricho burocrático, sino para proteger la continuidad de la prueba y facilitar la identificación de residuos si aparecen en el recorrido. El campo no es un cenicero grande ni una papelera con pinos. Cuesta creer que haya que decirlo, pero España sigue siendo España.

El apoyo externo estará permitido en los controles de Navacerrada y Cotos, tanto a la ida como a la vuelta. Es una concesión lógica en una carrera larga y técnica, pero no convierte el maratón en un paseo asistido. Entre puntos, cada corredor debe gestionar su hidratación, su energía, su cabeza y su respeto por el entorno.

La semiautosuficiencia no es posar con chaleco minimalista; es saber qué llevas, cuándo lo usas y cómo llegas al siguiente control sin convertirte en una anécdota para los voluntarios.

Material obligatorio y cortes: la carrera también decide

El reglamento exige llevar durante toda la prueba:

  • Teléfono móvil con batería suficiente.
  • Vaso o envase para beber.
  • Chaqueta cortavientos.
  • Guantes.
  • Gorro o tubular.
  • Manta térmica de al menos 130 por 210 centímetros.
  • Dorsal con chip.

La organización puede modificar esa obligación en función de la meteorología y también puede realizar controles sorpresa. No llevar el material puede acarrear sanción o retirada si las condiciones lo justifican. La montaña tiene esa mala costumbre de no leer currículos deportivos.

Los tiempos de corte son otro filtro:

  • Primer paso por el Puerto de Navacerrada: antes de 2 horas y 35 minutos.
  • Primer paso por Cotos: antes de 3 horas y 40 minutos.
  • Segundo paso por Cotos: antes de 5 horas y 45 minutos.
  • Segundo paso por Navacerrada: antes de 8 horas.
  • Tiempo máximo total: 9 horas.

Quien no llega a tiempo debe retirarse y entregar el dorsal en el control correspondiente. Es duro, sí. También es necesario. En montaña, dejar seguir a alguien fuera de ritmo no siempre es un gesto compasivo; a veces es una imprudencia con buenas intenciones.

El corredor debe regular el esfuerzo desde el principio. No es una carrera para quemar cartuchos pronto ni para vivir pendiente del reloj de forma obsesiva. En una montaña así, el gran fallo suele llegar cuando se confunde sensación con control y se mantiene un esfuerzo que parecía sostenible pero no lo era.

Servicios al corredor y premios

Los servicios al corredor incluyen:

  • Guardarropa.
  • Duchas en el polideportivo de Cercedilla.
  • Masaje.
  • Seguro de responsabilidad civil y accidentes.
  • Camiseta.
  • Avituallamientos.
  • Acceso a Expo Trail.
  • Otros obsequios que consiga la organización.

También habrá cardioprotección con desfibriladores en distintos puntos del recorrido. Detalles prácticos, sí, pero en una carrera así lo práctico tiene otra densidad. Una ducha a 300 metros de meta puede parecer una línea menor del programa. Después de 44 kilómetros por Guadarrama, puede ser una aparición mariana con agua caliente.

El ganador y la ganadora absolutos de 2026 recibirán un trofeo exclusivo de granito valorado en 300 euros, además de otros obsequios. También habrá trofeos para los tres primeros de cada categoría.

La tradición de los premios tiene una particularidad que forma parte de la leyenda de la prueba: desde sus inicios, los ganadores y ganadoras han recibido piezas de granito de 13 kilos, talladas por una empresa de arte funerario. El trofeo exclusivo previsto para 2026 mantiene esa relación con el granito y está valorado en 300 euros. No hay brillo hueco, sino un símbolo pesado, físico, casi tan rotundo como la propia carrera.

La prueba reconoce asimismo a los llamados megasupervivientes, aquellos corredores que han terminado todas las ediciones del maratón, con un trofeo especial Fernando García Herreros. El nombre tiene algo de cómic, cierto, pero la gesta es muy real: volver año tras año a una carrera así exige una mezcla de forma física, memoria selectiva y una pizca de terquedad castellana.

El Guadarrama no es decorado: conservación y responsabilidad

El Maratón Alpino Madrileño atraviesa un entorno que obliga a hablar de deporte y conservación en la misma frase. La organización insiste en que el recorrido discurre por caminos existentes y zonas notificadas y autorizadas, evita la saturación de marcajes, separa residuos, limita vehículos, traslada salida y meta al casco urbano y diseña el paso por zonas sensibles para reducir aglomeraciones.

No es romanticismo verde de nota de prensa; es supervivencia administrativa y ética. Sin ese equilibrio, pruebas así no tendrían futuro. El límite de 400 corredores está vinculado al entorno protegido y a los permisos del Parque Nacional. Esa limitación le da al evento una escala distinta: menos ruido, más responsabilidad y una sensación de cita escogida. No exclusiva en sentido cursi. Escogida porque no cabe todo el mundo, porque no debe caber todo el mundo.

El traslado de la salida y la meta a un núcleo urbano, la limitación del número de participantes, la eliminación de vasos en los avituallamientos y la apuesta por discurrir siempre por caminos son medidas que anticiparon debates hoy centrales en el trail. La sostenibilidad, en esta carrera, no aparece como adorno: forma parte de su identidad.

El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama concentra algunos de los paisajes más reconocibles del centro peninsular, con Peñalara como techo y un ecosistema frágil ante la presión humana. Correr allí no equivale a conquistar la montaña, aunque la palabra “conquistar” quede estupenda en los carteles. Se corre de prestado.

Esa idea, tan sencilla y tan incómoda para el ego deportivo, debería acompañar cada zancada: pasar, no invadir; disfrutar, no dejar rastro; competir, pero sin convertir la sierra en un estadio desechable.

Accesibilidad, diversidad y dimensión humana

Más allá de la dureza, la prueba también ha sido un laboratorio de inclusión y aprendizaje organizativo. En ediciones pasadas hubo participación de corredores con discapacidad visual, algo todavía poco habitual en carreras de montaña de aquella época.

La figura del Corredor-Escoba, instaurada en 1998, pertenece a esa misma dimensión humana. En un recorrido de alta montaña, el rendimiento no puede borrar la necesidad de acompañar, localizar y asistir a quienes se quedan atrás. La carrera exige carácter, pero también comunidad.

Resultados, palmarés y memoria competitiva

El historial de vencedores refleja la evolución del trail español. Joseba Cubillo y Sonia Morán inauguraron la nómina de campeones en 1997. Después llegaron nombres como Quico Soler, Esteve Canal, Agustí Roc, Fernando García, Raúl García Castán, Miguel Ángel Heras, Alfredo Gil, Zaid Ait Malek, Manuel Merillas, Noel Burgos, Fernando Sánchez y Miguel Caballero.

En la competición femenina destacan varios dobletes y reinados intermitentes que hablan de continuidad y dominio en una carrera que no perdona la improvisación. Sonia Morán, Anna Serra, Gloria Serrazina, María Luisa García, Azara García, Ana Paz, Emily Davis y Bárbara Ruiz han ido dejando su huella en un palmarés que combina veteranía y renovación.

La nómina de participantes y ganadores también incluye a corredores relevantes del trail español e internacional como Félix Magunagoicoechea, Jordi Martín, Alberto Zerain, Miguel Heras, David López Castán, Crístofer Clemente, Corinne Favre, Emma Roca, Teresa Forn, Ragna Debats y Gema Arenas.

En 2025, los ganadores fueron Claudio Díaz Castán y Silvia Serafini, y hubo 291 supervivientes. La palabra no es casual. En esta carrera no se habla solo de finishers. Se habla de supervivientes.

Ese lenguaje puede sonar exagerado a quien mire el atletismo desde el tartán o desde la avenida plana. Pero en Cercedilla tiene sentido. El superviviente del MAM no es un náufrago ni un mártir de la camiseta técnica; es alguien que ha completado una prueba exigente sin romper el trato con la montaña.

Curiosidades que explican la personalidad del MAM

El Maratón Alpino Madrileño ha dejado escenas difíciles de olvidar. La nevada de 2000, que obligó a recortar el recorrido, resume la relación de la prueba con una sierra que nunca acepta del todo los planes de los organizadores.

Otra curiosidad es la tradición de los trofeos de granito de 13 kilos, tallados por una empresa de arte funerario. El peso del galardón no es un detalle menor: encaja con una carrera que prefiere los símbolos físicos y duraderos a los objetos de diseño intercambiables.

También fue pionera en retransmitir una carrera de montaña por internet en 2003, mucho antes de que las coberturas en directo, los tracks compartidos y las cámaras de acción formaran parte habitual del trail. La carrera supo abrirse al público sin convertir la montaña en un decorado de televisión.

La continuidad de la prueba se entiende también por su capacidad para adaptarse. Ha cambiado de recorrido, de escenario y de formato competitivo, ha acogido campeonatos nacionales y circuitos internacionales y ha incorporado medidas ambientales sin renunciar a la dureza que la hizo reconocible.

Qué exige realmente un maratón alpino

El MAM no premia únicamente la velocidad pura. Premia la capacidad de sostener el esfuerzo en alta montaña, leer el terreno y resistir una sucesión de altura, desnivel y tramos técnicos. La preparación debe orientarse a la resistencia muscular, la gestión de las pulsaciones, la alimentación, la hidratación y la toma de decisiones bajo fatiga.

La altitud modifica el ritmo y puede afectar al estómago. El terreno técnico exige atención constante. El calor del valle puede convivir con viento y frío en las cotas altas. Una bajada aparentemente favorable puede convertirse en el tramo más dañino de la jornada si se afronta sin control.

Conviene comer con regularidad, beber antes de tener una sed evidente, no confiarse en las primeras subidas y reservar capacidad para los regresos por Cotos, Bola del Mundo y Navacerrada. La carrera se gana o se pierde muchas veces en decisiones pequeñas: frenar unos minutos antes, ponerse una prenda cuando cambia el tiempo, comprobar el marcaje, rellenar el recipiente o no dejar un envoltorio fuera de lugar.

No es una carrera para improvisar. Tampoco para dejarse llevar por el entusiasmo inicial de la Plaza Nueva. El corredor sale de Cercedilla con la sensación de que la montaña está ahí, cerca y disponible. Horas después descubre que la montaña no estaba disponible: simplemente le había permitido pasar.

Una referencia que sigue vigente en el calendario español

El peso del Maratón Alpino Madrileño no depende solo de la nostalgia. Sigue siendo relevante porque mantiene una mezcla poco frecuente: historia, dureza, paisaje, identidad local y prestigio competitivo. La prueba ha sabido conservar una personalidad propia en un calendario de trail cada vez más amplio, donde muchas carreras se parecen demasiado entre sí.

Su valor también está en la coherencia. No ha renunciado a su esencia ni a su estética de carrera de montaña clásica. No busca vender una experiencia genérica, sino proponer un reto reconocible desde el primer metro. Eso la convierte en una referencia para quienes observan el trail como fenómeno deportivo y cultural, no solo como una suma de resultados.

La carrera sigue teniendo una lectura muy local, muy de sierra cercana y exigente, pero también una proyección nacional e internacional construida durante décadas. Por sus senderos han pasado algunos de los nombres más importantes de las carreras por montaña y por sus controles han aprendido varias generaciones de corredores que la altitud no se negocia con entusiasmo.

El domingo que Cercedilla mira hacia arriba

El 14 de junio de 2026, Cercedilla volverá a convertirse en puerta de entrada a una aventura seria. A las 8:00 saldrá un grupo pequeño para los estándares del running popular, pero enorme en ambición: un máximo de 400 corredores, unos 44 kilómetros por delante, nueve horas de margen, varios puertos, dos pasos por lugares que no suelen aceptar bromas y una meta que no regala abrazos hasta que se pisa de verdad.

El Maratón Alpino Madrileño 2026 impone porque junta todos los ingredientes que separan una carrera bonita de una carrera memorable: altitud, técnica, desnivel, historia, límite ambiental, cupo reducido y una relación muy directa con el cansancio.

No hace falta inflarlo. Bastan los datos: 44 kilómetros en la edición anunciada, una referencia histórica cercana a los 47, 5.800 metros de desnivel acumulado, Peñalara, Bola del Mundo, Cotos, Navacerrada, semiautosuficiencia, cortes estrictos, material obligatorio, una organización pionera y una sierra que no actúa como decorado sino como árbitro.

El domingo, quien llegue a la Plaza Nueva dentro del tiempo no solo habrá terminado una carrera. Habrá negociado con Guadarrama y habrá salido con la firma puesta en las piernas.

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