Carreras
Clasificación de la carrera de San Antón 2025 en Jaén
Resultados completos de Jaén 2025: pruebas élite, popular, en silla de ruedas e infantiles, con tiempos, podios y contexto.

La 42.ª Carrera Urbana Internacional Noche de San Antón ofreció una imagen clara del nivel que ha alcanzado Jaén: Abdessad Oukhelfen y Mekedes Alemeshete dominaron la carrera élite, Ignacio Barranco y Noelia Valenzuela se impusieron en la popular, y el ambiente volvió a convertir la ciudad en una pista abierta, fría y luminosa, con antorchas, hogueras y más de 13.500 participantes repartidos entre todas las salidas.
La clasificación de la carrera de San Antón 2025 estuvo marcada por los tiempos rápidos, una organización exigente y un circuito urbano de 10 kilómetros que no da tregua. Oukhelfen ganó en 29:21, Alemeshete lo hizo en 31:53, y el evento volvió a reunir a atletas internacionales de élite, corredores populares y deportistas en silla de ruedas en la misma noche de enero, con su sello distintivo.
Una edición de referencia para tomar el pulso al atletismo urbano
La carrera de San Antón no se limita a repartir medallas; funciona como un termómetro deportivo y social de la ciudad. Su edición de 2025 volvió a demostrar por qué este evento es uno de los más reconocibles del calendario español: calles cerradas al tráfico, espectadores muy cerca del corredor y una combinación poco habitual de solemnidad popular y velocidad pura.
La carrera élite se disputó sobre un recorrido homologado de diez kilómetros y ofreció una imagen clara desde los primeros compases. Abdessad Oukhelfen mantuvo un duelo a mitad de carrera con Soufiane El Bakkali, que terminó segundo en 29:41, mientras que Eduardo Menacho completó el podio en 29:46. La carrera femenina tuvo un desenlace igualmente intenso, con Mekedes Alemeshete por delante de Alemnat Walle, que entró en 31:55, y de Carla Gallardo, tercera con 33:44.
Ese trío de tiempos resume bien la dificultad del recorrido: ritmo alto, poco margen de error y una ciudad que ejerce presión. Jaén ofrece un escenario urbano con giros, grandes avenidas, pasos subterráneos y tramos históricos que obligan a gestionar el esfuerzo con inteligencia. No es un 10K llano ni amable; es una carrera que castiga cualquier exceso y premia a quienes saben correr con cabeza.
Los ganadores élite y la lectura deportiva de sus tiempos
Oukhelfen no solo ganó; lo hizo con autoridad, en un contexto de gran calidad internacional y ante un rival de peso como El Bakkali. Su 29:21 confirma una actuación sólida en una carrera que exige resistencia, cambios de ritmo y capacidad para soportar el ruido de la calle sin perder la concentración. En carreras urbanas como esta, el crono importa tanto como la sensación de control, y el ganador logró dominar ambas cosas.
En la categoría femenina, Alemeshete firmó una meritoria victoria en 31:53, con Walle cerca durante buena parte del recorrido y Gallardo como la primera española del podio. La diferencia entre las mejores no fue grande, pero bastó para establecer una jerarquía clara. En un 10K competitivo, unos pocos segundos pueden separar una victoria limpia de una persecución agotadora, y eso es exactamente lo que ocurrió en Jaén.
Los tiempos de la élite también ayudan a situar la carrera dentro del panorama nacional. No hablamos de un evento multitudinario sin filtro deportivo, sino de una carrera que combina participación popular con un elenco de gran calidad, formado por nombres capaces de correr a ritmos cercanos a los de una gran prueba internacional. Ese equilibrio, poco habitual, explica buena parte del prestigio que acompaña a San Antón.
La carrera popular, el alma de la noche y el espejo de la ciudad
Si la élite marca el nivel, la carrera popular define la identidad del evento. En 2025 las victorias fueron para Ignacio Barranco, en 32:54, y Noelia Valenzuela, en 36:22. Son tiempos muy serios para una carrera que, más allá del podio, vive del murmullo constante de miles de corredores mezclado con la respiración del público y el resplandor de las hogueras.
La carrera popular concentra el pulso más humano de San Antón. Allí no todo son tácticas de élite; también hay corredores que persiguen una mejor marca personal, otros que simplemente quieren terminar con buenas sensaciones y muchos que sienten que corren dentro de una tradición local. Esa coincidencia de objetivos convierte la salida y la llegada en una especie de mosaico en movimiento, donde cada dorsal cuenta una historia diferente.
Junto a Barranco y Valenzuela, Sergio López y Chritian Villazala completaron el podio masculino, y Lola Chiclana y Carolina Huertas el femenino. En una carrera tan multitudinaria, los primeros puestos siguen teniendo valor estadístico, pero el peso narrativo se reparte mucho más. San Antón no se entiende solo por quién gana; se entiende por cómo la ciudad acompaña, empuja y convierte una carrera en una celebración ciudadana.
Sillas de ruedas y categorías adaptadas: velocidad sin ruido extra
La edición de 2025 volvió a dar espacio a la competición deportiva en silla de ruedas, con Rafael Botello llevándose la victoria y defendiendo con éxito su título de 2024 en 11:36. El atleta catalán, vinculado a Jaén, volvió a dominar un formato que exige potencia sostenida, precisión en el recorrido y una gestión del esfuerzo muy distinta de la carrera a pie, pero igual de exigente.
Marco Antonio Baena fue segundo con 12:03 y Joaquín Álvarez, tercero con 13:00. Son referencias útiles porque recuerdan que San Antón no se limita a una única lectura del rendimiento. La organización reúne distintas realidades deportivas en un mismo día, y eso multiplica el interés de un evento que ya cuenta con un seguimiento muy amplio.
También hubo ganadores en las categorías para personas con discapacidad física, intelectual o sensorial: Francisco Javier Deogracia e Isabel Cornejo fueron los primeros en esa clasificación. La presencia de estas carreras no es un añadido decorativo; forma parte de la estructura competitiva y refleja una idea más amplia de la carrera, en la que el valor del esfuerzo no depende de una única forma de correr.
Carreras infantiles y escolares: la base que sostiene la celebración
Antes de que la élite saliera a las calles, Jaén ya había acogido otras salidas. La carrera infantil fue para Rafael Jesús Sánchez y Cayetana Panadero, mientras que el San Antón escolar reunió a unos 1.500 niños y niñas de entre 5 y 10 años procedentes de 32 colegios de la capital. La cifra importa porque muestra la densidad social de la jornada: no se trata de un evento aislado, sino de una sucesión de carreras que llena toda la tarde.
El componente escolar amplía el significado deportivo de la noche. Algunas carreras nacen para marcar un tiempo, y otras terminan marcando a una ciudad. San Antón pertenece claramente al segundo grupo. La participación de los más pequeños no solo alimenta el ambiente, también garantiza la continuidad cultural y deportiva, algo poco habitual en eventos que han crecido tanto.
En 2025 también fue el segundo año en el que las carreras infantil, élite y popular coincidieron en el mismo día, junto con el San Antón escolar. Esa concentración convierte la tarde en una especie de historia por capítulos: primero las categorías de base, después la velocidad de la élite y, finalmente, la enorme ola popular que cierra la jornada bajo el frío y la luz de enero.
Un recorrido duro que separa las buenas piernas de las muy buenas
El circuito urbano de Jaén no regala nada. Es una mezcla de avenidas, desniveles, cambios de dirección y espacios amplios que, sobre el papel, permiten correr rápido, pero que en la práctica obligan a mantener la concentración. La recta final puede parecer favorable, aunque llegar allí fresco es otra cuestión.
La dureza del recorrido ayuda a explicar por qué la clasificación de San Antón 2025 produjo tiempos tan exigentes. No basta con salir rápido; hay que gestionar la carrera casi como si se negociara una pendiente invisible. El corredor que sale demasiado fuerte suele pagarlo en la segunda mitad, cuando el cuerpo empieza a pasar factura y la respiración se vuelve más corta y áspera.
El ambiente añade otra capa de dificultad. Las antorchas, las hogueras, la música y el público convierten la noche en un estrecho pasillo de estímulos. Para el espectador parece un escenario festivo; para el competidor, cada esquina es una pequeña prueba de atención. Esa tensión entre celebración y rendimiento es una de las claves de San Antón y una de las razones por las que sus resultados se siguen con tanto interés.
Por qué los resultados de San Antón importan más allá del podio
La clasificación de una carrera como esta cumple varios objetivos a la vez. Para los atletas de élite, es una referencia de forma en pleno invierno. Para los corredores populares, confirma que la preparación ha dado sus frutos o que aún hay margen de mejora. Para la ciudad, es una manera de medir la dimensión de un evento que ya forma parte de su calendario emocional.
San Antón es una carrera, pero también un espejo de Jaén. Su lista de tiempos reúne nombres internacionales, corredores locales, atletas adaptados y escolares. Esa mezcla no es un adorno estadístico: es la esencia misma del evento. Pocas carreras urbanas consiguen que la clasificación deportiva y la identidad urbana avancen tan estrechamente unidas.
La edición de 2025 también confirmó la madurez organizativa de una carrera que movilizó a más de 700 personas entre fuerzas de seguridad, servicios de emergencia y voluntarios. Esa infraestructura invisible sostiene el resultado visible: permitir que miles de personas corran, animen y crucen la meta con sensación de orden en medio de un caos aparente. Sin esa base, la noche perdería parte de su brillo.
Una noche que ya forma parte del gran calendario del running español
La Carrera Urbana Internacional Noche de San Antón combina tradición, identidad local y un nivel competitivo que ya la sitúa entre los eventos más seguidos del país. El reconocimiento recibido en los últimos años como mejor carrera urbana y mejor evento deportivo del año no es casualidad; nace de una combinación de organización, participación masiva y un ambiente que pocas ciudades pueden reproducir.
La clasificación de 2025 confirma que San Antón sigue creciendo sin perder su carácter. Oukhelfen y Alemeshete marcaron los tiempos de referencia, Barranco y Valenzuela mantuvieron el prestigio de la carrera popular, y la base escolar recordó a todos que ninguna gran carrera se sostiene únicamente con la élite. Jaén volvió a correr con el pulso encendido, entre humo, frío y aplausos, como si cada enero renovara una promesa colectiva.
En un momento en el que muchas carreras se parecen demasiado, San Antón conserva algo difícil de fabricar: personalidad. Sus resultados importan porque están tejidos con ciudad, memoria y rendimiento. Y en 2025 esa mezcla volvió a encajar en su sitio, con el cronómetro en primer plano y la calle, una vez más, como protagonista.

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