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¿Puede España dominar el Europeo de trail de Eslovenia con Merillas?
España llega al Europeo de trail en Eslovenia con Merillas, Blanes y Rharsalla ante un reto alpino durísimo y opciones muy reales de medalla.

El Campeonato de Europa Off-Road se disputa del 5 al 7 de junio en Ljubljana-Kamnik, Eslovenia, con España metida de lleno en la conversación seria por las medallas. No por entusiasmo de barra de bar, que también abunda en el trail, sino por algo más pesado: resultados recientes, un bloque profundo y varios corredores que ya han demostrado que no se arrugan cuando la montaña se pone fea. La cita reúne a 593 atletas de 33 países, el mayor volumen de participación de la historia del campeonato, y se reparte entre tres disciplinas: Uphill, Trail Running y Up & Down.
La selección española llega con 32 atletas preseleccionados, 15 hombres y 17 mujeres, y con seis medallistas del Mundial de Canfranc-Pirineos entre sus nombres fuertes. La baja de Sara Alonso, comunicada en la previa por motivos médicos, le quita filo al bloque femenino, pero no borra una realidad incómoda para sus rivales: España ya no va al Europeo de trail a aprender el paisaje. Va a competirlo. La última hora adelantada por Mayayo pone el foco justo ahí: programa exigente, favoritos de mucho peso y una selección española que viaja con hambre, no con folclore.
Un Europeo más grande, más alpino y menos amable
El Europeo Off-Road llega a Eslovenia con aire de campeonato adulto. Tercera edición de una competición que nació en El Paso, La Palma, en 2022, siguió en Annecy en 2024 y aterriza ahora en el entorno de Kamnik y los Alpes de Kamnik-Savinja, una postal bonita sólo hasta que toca subirla con dorsal. Ahí se acaba el folleto turístico y empieza la verdad: senderos húmedos, rampas largas, bajadas donde el cuádriceps negocia con la fe y una altimetría que no perdona el exceso de optimismo.
La organización ha vendido el campeonato como una fiesta abierta también a corredores populares, con carreras paralelas y un ambiente de gran evento de montaña. Tiene sentido. El trail moderno vive en esa frontera curiosa entre el deporte de élite y la liturgia de fin de semana: unos pelean por Europa, otros por llegar enteros a la cerveza. Democracia muscular, podríamos llamarlo. Pero la carrera que importa aquí es otra. Es la de los equipos nacionales, la de los segundos exactos, la de las decisiones mínimas: cuándo meter bastones si los hay, cuándo comer, cuándo no mirar atrás aunque escuches respirar a alguien en la nuca.
El dato de participación pesa. 593 inscritos y 33 países no son sólo una cifra bonita para nota de prensa. Hablan de un deporte que ha dejado de ser la extravagancia de cuatro tipos con pantorrillas de alambre y mochilas salomonizadas. El trail y la carrera de montaña ya son una disciplina continental con jerarquías, selecciones, planificación, cantera y ese inevitable punto de burocracia atlética que acompaña a toda cosa que crece. La montaña, por suerte, sigue haciendo de filtro. Allí el currículo ayuda, pero no empuja las piernas.
El programa: tres días y tres maneras de sufrir
La competición arranca el viernes 5 de junio con la Uphill, la prueba de subida pura. En categoría absoluta serán 8,9 kilómetros, con salida en Stahovica, meta en Gradišče y 1.280 metros de ascenso, más 80 de descenso. Traducido: una escalera natural de casi nueve kilómetros, con el oxígeno como acreedor severo. Los sub-20 tendrán su propia versión, de 3,8 kilómetros y 425 metros positivos, corta sólo en apariencia; esas distancias, cuando pican hacia arriba, muerden como perro pequeño.
El sábado 6 llega la prueba larga de Trail Running, 52 kilómetros con salida y llegada en la plaza principal de Kamnik. El recorrido suma 2.450 metros de desnivel positivo y otros tantos de bajada. No es un ultra interminable, pero tampoco una excursión con dorsal. Es el tipo de trazado que castiga al corredor que se cree invulnerable a las dos horas y le pasa la factura en la cuarta, con intereses y letra pequeña. La salida élite está fijada a las 9:00, hombres y mujeres juntos, un detalle que siempre deja una imagen poderosa: todo el pelotón lanzado desde el corazón urbano hacia una montaña que enseguida pone orden.
El domingo 7 será el turno del Up & Down, la carrera clásica de montaña con subida y bajada. En categoría sénior son 13,1 kilómetros con 825 metros positivos y 825 negativos, también con salida y meta en Kamnik. Aquí no basta con trepar bien. Hay que bajar mejor. O, al menos, bajar sin regalar media vida en cada curva. Los sub-20 competirán sobre 5,7 kilómetros y 325 metros de desnivel positivo y negativo. La jornada cerrará el campeonato con las ceremonias de victoria y el acto final en la plaza principal de Kamnik.
El detalle que separa una medalla de una buena excusa
En este Europeo no gana necesariamente quien más corre en llano ni quien más presume de desnivel en Strava. Gana quien mezcla motor, técnica, cabeza fría y una rara virtud: no entrar en pánico cuando el terreno cambia de idioma. La Uphill favorece a los escaladores puros, la Trail Race premia al corredor completo y paciente, y el Up & Down exige ese talento algo suicida de bajar rápido sin convertir cada piedra en una invitación al hospital. Bonito, sí. Limpio, no siempre.
España llega con un bloque que ya no suena a promesa
La selección masculina española tiene nombres para competir en serio. En el Trail Running estarán Francisco José Anguita, José Ángel Fernández “Canales”, Diego Menéndez y Alain Santamaría. Menéndez llega como campeón de España, Canales aporta experiencia mundialista, Anguita ya conoce el Europeo y Santamaría viene de firmar un 2025 internacional de mucho peso, con cuarto puesto mundial en short trail y oro por equipos en Canfranc. No es alineación de relleno. Es una apuesta.
En el Up & Down masculino aparece una de las alineaciones más interesantes de todo el campeonato para España: Andreu Blanes, Alejandro García, Manuel Merillas y Jan Torrella. Blanes representa esa versatilidad tan moderna, casi irritante para quienes creen que cada atleta debe vivir encerrado en una sola etiqueta; viene de ganar peso internacional tras su bronce mundial individual en short trail y el oro por equipos. Merillas, viejo zorro de montaña, llega con la autoridad del subcampeonato mundial de Canfranc y una trayectoria que no necesita fuegos artificiales. Torrella, con 22 años, ya ha ganado títulos absolutos nacionales de trail, montaña y subida vertical. García, por su parte, trae oficio, palmarés y una relación larga con las carreras de montaña.
La Uphill masculina también huele a oportunidad. España alinea a Jonatan Arobes, Manuel Merillas, Alain Santamaría y Jan Torrella. Santamaría dobla después de proclamarse campeón de España de subida vertical; Arobes llega como especialista competitivo en terrenos inclinados; Merillas y Torrella ofrecen dos perfiles distintos, pero igual de peligrosos: uno por experiencia y lectura de carrera, el otro por descaro competitivo. Ese descaro que a veces es imprudencia y a veces medalla. Ya se verá.
En categoría femenina, la prueba larga reunirá a Inés Astrain, María La Chica, María Martínez e Ikram Rharsalla. Rharsalla llega como referencia tras su octavo puesto individual y la plata por equipos en la Short Trail del Mundial de Canfranc-Pirineos, además de su oro por equipos en medio maratón en el Europeo en ruta. Astrain suma experiencia en larga distancia, mientras María Martínez y María La Chica aparecen como debutantes con margen para dar una alegría de esas que luego se cuentan como si siempre se hubieran visto venir.
La baja de Sara Alonso cambia el dibujo en las pruebas femeninas de montaña. La RFEA recoge en la previa que el equipo de Up & Down queda condicionado por esa ausencia, con Claudia Corral, María Fuentes y las alternativas designadas en la lista definitiva de preseleccionadas. En Uphill, el bloque femenino incluye a Claudia Corral, Laura Figueiredo, María Fuentes y Ana Hernández, dos de ellas muy recientes en el escaparate nacional y con ese punto incómodo para las rivales: llegan sin una mochila enorme de expectativas, pero con piernas frescas y hambre.
Los favoritos: Europa trae cuchillos largos
El cartel internacional no viene precisamente de turismo. En hombres, el Europeo reúne nombres como Cesare Maestri, Stian Angermund, Frédéric Tranchand, Roberto Delorenzi, Dominik Rolli y Jonas Soldini, con Italia, Noruega, Francia y Suiza presentando bloques de altísimo nivel. Maestri es una garantía en montaña clásica; Angermund, uno de esos corredores capaces de convertir una carrera técnica en una persecución sin aire; Tranchand tiene oficio francés, que en trail suele significar algo serio; y Suiza llega con una escuela que parece fabricada en laboratorio alpino, pero con barro real bajo las uñas.
En mujeres, el foco cae sobre Tove Alexandersson, seguramente una de las atletas más fascinantes del deporte de resistencia europeo por su mezcla de orientación, trail y una capacidad competitiva casi quirúrgica. También aparecen Scout Adkin, Maude Mathys, Judith Wyder, Clémentine Geoffray y Sarah McCormack, nombres que explican por qué este Europeo puede ser más duro que algunos campeonatos mundiales de otras épocas. Hay profundidad, hay estilos diferentes y hay corredoras que no necesitan que el recorrido sea amable para producir una exhibición.
España no parte como comparsa. Tampoco como dueña de nada. Conviene no caer en esa patriotería deportiva de tambor pequeño, tan nuestra, que convierte cada previa en una promesa de oro y cada cuarto puesto en tragedia nacional. El equipo español tiene opciones reales de medalla individual y, sobre todo, de podios por equipos si sus segundos y terceros corredores sostienen el nivel. En campeonatos de selección, la gloria no siempre llega por el atleta más brillante, sino por el que no se descuelga cuando el día se tuerce. Ahí se ganan los metales colectivos. En silencio. Sin foto heroica, a veces.
El papel de Merillas, Blanes, Torrella y Rharsalla
Manuel Merillas sigue siendo una figura central para entender las opciones españolas. No sólo por sus resultados, sino por lo que transmite en carrera: conocimiento del terreno, paciencia y una economía de gesto que en montaña vale oro. Hay corredores que parecen pelear con la subida; Merillas, cuando está bien, parece discutir con ella en voz baja hasta convencerla. Su doble presencia, Uphill y Up & Down, abre opciones, aunque también plantea una exigencia evidente: recuperar entre esfuerzos en apenas 48 horas no es una formalidad, es un pequeño juicio fisiológico.
Andreu Blanes representa otro perfil. Más híbrido, más moderno, más difícil de encasillar. Viene de la orientación, ha entrado en el trail con una naturalidad casi insultante y ya sabe lo que es ganar una medalla mundial individual. En un Up & Down técnico, con cambios de ritmo y necesidad de leer trazadas, su pasado no es anécdota: es una herramienta. La montaña no premia sólo al que sube más fuerte, también al que elige mejor por dónde pasar cuando el sendero se rompe.
Jan Torrella es quizá el nombre más magnético para el lector que busca futuro. Tiene edad de promesa y resultados de presente, que es la combinación que suele alterar el pulso de una selección. Campeón absoluto nacional en varias modalidades, medallista sub-20 en su etapa anterior y ya internacional absoluto, llega a Eslovenia como corredor bisagra: puede aprender, sí, pero también puede hacer daño. Mucho. En deportes de montaña, la juventud a veces paga peaje en la gestión de carrera; otras veces, directamente lo salta.
En mujeres, Ikram Rharsalla aparece como el punto de mayor estabilidad competitiva en la larga. Su 2025 la colocó en una zona de respeto internacional, y eso pesa. No garantiza medalla, porque el trail se encarga de ridiculizar las garantías con una piedra mal pisada o una digestión torcida, pero sí la sitúa entre las corredoras españolas con capacidad para sostener una carrera grande. A su alrededor, España necesita que Astrain, Martínez y La Chica completen un bloque sólido, sin agujeros. La clasificación por equipos, otra vez, puede depender menos del fogonazo y más de la regularidad.
Una cita que mide algo más que piernas
El Europeo de Eslovenia llega en un momento interesante para el trail español. El Mundial de Canfranc dejó autoestima, medallas y una sensación de pertenencia a la élite. Pero una cosa es brillar en casa, con ambiente conocido, logística familiar y ruido a favor, y otra trasladar esa autoridad a un escenario alpino centroeuropeo, con rivales que han nacido casi con un desnivel bajo la cuna. Eslovenia será una prueba de madurez. No definitiva, porque en junio nadie firma sentencias eternas, pero sí reveladora.
También será una prueba para la estructura. La RFEA ha ido ordenando un ecosistema históricamente disperso, donde convivían carreras populares, montaña clásica, trail largo, federaciones, marcas, circuitos privados y ese aroma de independencia que siempre ha tenido correr por el monte. Ordenarlo sin domesticarlo es el reto. Porque el trail necesita profesionalización, sí, pero perdería algo esencial si se convierte sólo en atletismo con árboles alrededor. El equilibrio es delicado: control federativo, criterios claros, salud del deportista, calendario sensato y respeto por una cultura que venía de antes.
La baja de Sara Alonso, en ese contexto, recuerda una obviedad que a veces el deporte de alto rendimiento intenta esconder debajo de la alfombra: los cuerpos no son máquinas con dorsal. La selección pierde una baza importante, especialmente en las pruebas más explosivas de montaña, pero también gana una ocasión para comprobar la profundidad real del equipo femenino. Corral, Fuentes, Figueiredo, Hernández y compañía tienen ahí una oportunidad que no suele avisar dos veces. Hay campeonatos que coronan favoritos y otros que fabrican nombres nuevos. Eslovenia puede ser de los segundos.
La montaña dictará sentencia
España llega al Europeo de trail en Eslovenia con argumentos, no con humo. Tiene experiencia, juventud, medallistas recientes y una generación que ya compite de tú a tú con las grandes potencias europeas. Le falta, como a todos, pasar por el filtro de Kamnik: una Uphill que no admite piernas blandas, un trail de 52 kilómetros donde la paciencia será tan importante como el ritmo y un Up & Down que puede convertir una bajada en sentencia.
El campeonato no va a medir sólo quién corre más. Medirá quién piensa mejor cuando la respiración se vuelve áspera, quién come antes de tener hambre, quién baja sin miedo pero sin tontería, quién acepta que la montaña no negocia con nombres propios. España tiene equipo para morder. Ahora falta lo de siempre: que el terreno, el clima y las piernas no pidan otra versión de la historia.

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